Hoy me siento tan perdida que no puedo dejar de buscarme en las palabras. Me pasa amenudo que hay días en que estoy absolutamente desagradable e intento evitar a los que quiero para no dañarlos( es curioso otros hacen justo lo opuesto)
Han pasado varios días desde que dejamos atrás el 2006 y para mí, he de confesar, ha sido un año extraño e intenso.
Empecé el 2006 con un estado de estupidez ingrávida en el que llevaba varios años sin salir. Ya sabéis tenía esa vida ¿perfecta? que sale en las películas y que todos desean . Dos hijas preciosas y un hombre fantástico, encima médico de cierto prestigio y con éxito en su trabajo que no es fácil, que no para de estar pendiente de mis deseos. En definitiva si hubiese que nombrar a la vida por colores el color de esa etapa habría sido el rosa...
Pero en el fondo empezó a gestarse un cierto desequilibrio. Las mañanas ya no eran tan brillantes y llegó el tiempo de la sonrisa forzada. Cada vez me sentía mas ajena a los que me rodeaban y para colmo alguien especial se cruzó en el camino.
Salté sin precaución al abismo y ese corazón que latía dulcemente se desbordó y empezó a correr y a amar ( aún no logro saber qué fue el detonante). Volvieron las mariposas al estómago, la sonrisa perpetua y la sensación de sentirse especial. Aposté cierta parte del corazón, sabiendo que era, de sobra, una batalla perdida pero como véis en mis post lo de controlar el ritmo cardíaco lo hacen otros y no yo. Soy de esas que , en realidad, se avergüenzan de que sus pasos los rija el corazón y no la sensatez y la cabeza.
Fue precioso: amé como a los quince años y creí que era real. Para mí fue muy real. Fue precioso. Pero el amor no es un impermeable que te libre de los engaños ni de las realidades así que debo cambiar la frase anterior. Fue precioso, amé y sentí un profundo vacío como antes nunca lo había hecho.
Una historia siempre tiene dos finales.El mío fue el comienzo de un pequeño duelo en el corazón porque las batallas cuando son reales y no fundamentadas en la mentira necesitan que el tiempo las temple para recomponer la historia que luego quedará por contar o recordar.
El verano fue mi tiempo de duelo, de lágrimas y de alguna que otra sonrisa hueca, de esas que se ponen para que el mundo te deje en paz.
Así que ese fue la parte de mi final, la otra, la suya la desconozco pero me consta que ese pequeño fracaso no vino acompañado de ningún duelo. Lo que para mí fue precioso desconozco que adjetivo recibiría desde el otro lado...
Pero el amor cuando no ha sido correspondido se va disipando porque es mentira. Es falso e irreal y sólo necesita el tiempo como aliado para que eso se demuestre.
El otoño siguió siendo difícil pero esta vez porque todo esto había desmbocado en una crisis personal durísima. Reconozco que soy mi peor enemigo y el más duro crítico que existe conmigo misma. Pero también sé que esto es parte de mi esencia y que lo bueno o lo malo que tengan mis crisis tienen como fruto un enorme crecimiento personal, me hago persona cada vez más. Algunos, esos que siempre sienten que todo va bien, deberían pararse a pensar de vez en cuando si son personas o son robots.
Además el otoño trajo el desamor, algo que no había vivido hasta ahora, cada día, cada segundo me sentía más lejos de la persona con la que comparto mi vida y empezó a precipitarse esa sensación de manera tan rápida que se hizo real, presente en cada despertar y cuando miré dentro de mí me di cuenta de que ese pequeño espacio que hace que brillen nuestros ojos, que nos hace más reales estaba vacío y me dio muchísimo miedo. Yo, que soy toda pasión, no sentía ni siento nada en ese hueco. Creí que me iba a costar escapar de esa sensación pero entoces, un buen amigo me demostró, me enseñó que no siempre el amor tiene por qué ser el motor de nuestras vidas y que tal vez, debería concederme una tregua, un periodo de paz absoluta en que si bien no amase( y en el fondo me siguiese sientiendo vacía y algo sola) empezaría a recuperarme de esa dura batalla que había supuesto para mi corazón el 2006.
Y aquí estoy aparcando lo que Petrarca convirtió en belleza, lo que Salinas transformó en vida, lo que García Montero dice que nos inunda desde dentro y nos impulsa, lo que frustró a Quevedo por no tenerlo nunca cerca, lo que sutenta mis versos que son mi alma misma... No sé si hago bien o no pero no me importa, me siento mejor y eso es suficiente.
Tal vez, sobrevaloremos el amor o quizás seamos demasiado exigentes algunos como para retenerlo pero lo cierto es que aunque yo nunca lo creí así , sí se puede vivir sin él y es un auténtico alivio experimentarlo
Besitos mis lectores de parte de Campanilla