Cuando sales de una bajada de las alertas de los sentidos que ha durado un buen periodo de tiempo, sales renovada, con las ideas claras pero con una extraña sensación de aturdimiento. Uno se encuentra bien, muy bien pero es igual que cuando el aire te zarandea y te deja desarmada ante el camino que uno empieza de nuevo. Eso es justo lo que siento: delante de mí un camino cargado de toda gama de colores y, al principio de él, yo con el pelo revuelto y la ropa descolocada pero firme y tranquila.
Un error sí he cometido desde que decidí afrontar las cosas de cara y es pensar que los fantasmas del pasado carecerán para siempre de la capacidad de herirnos, en absoluto...los fantasmas siempre hieren por más escondidos que en muchas ocasiones los tengamos. Quizás ahora ya sólo hieran un segundo del que uno se recompone con facilidad pero ese segundo es una eternidad completa cuando deseas correr en dirección opuesta a él.
Dentro del viaje de búsqueda de mí misma que empredí hace tiempo pensaba que una parada imprescindible era aquella en la que debía entretenerme más tiempo: pensaba que debía cambiar mi parte emotiva y trabajar duramente la racionalidad ( buena joya esa). Para mí lo más encomiable de una persona es su capacidad de continuar el camino desprendiéndose de todo lo que no les interesa y guardándolo en cajones de donde nunca saldrá. Pero...quizás no deba cambiar, ya no lo tengo demasiado claro, durante un tiempo me importó bastante que los demás pensasen que era rara y débil ¿para qué negarlo? me importó muchísimo pero después me pareció que era mejor ser especial ( aunque sólo fuese en ese sentido) que aceptadamente razonable.
El otro día cenando con Jordi en Barcelona encontré otro de esos aliados que me demostaron que el arte de reflexionar a diario sobre muchas cosas y hacer girar las ideas en la cabeza como un torbellino es tan válido como el gastado "Carpe diem". Mi problema es que nunca entendí el no pensar en el ayer ni en el mañana, nunca supe llevarlo a la práctica de manera tan extrema como lo hacen muchos de los que me rodean. He escuchado consejos demasiado tiempo que han estado a punto de alejarme de quién soy. Eso sí que sería triste.
Que yo admire en silencio a esas personas que tienen su puntito frío y calculador y lo ocultan con maravillosas sonrisas no quiere decir que yo desee ser así. Ya no...Soy lo que soy y bueno ahí está para cogerlo o dejarlo como valor perdido o adquirido.