Camapanilla está triste...y no encuentra cómo decirlo en voz alta. Lo ha intentado un par de veces pero siempre ha encontrado unos ojos mirando hacia otro lado. Hoy Campanilla se ha dado cuenta de que no existe Nunca Jamás y lo malo es que entonces no le queda más remedio que crecer.
Campanilla ha podido aguantar en el paraíso hasta que ha confirmado tristemente que está sola, completamente sola y que los demás ya hacía tiempo que habían abandonado el bosque, el árbol de los niños perdidos, la isla de las sirenas...
Lo malo es que esta vez Campanilla no encuentra el camino de salida y sabe que aquel en el que piensa está lleno de obstáculos, supongo que será más fácil si busca la mano de un amigo de verdad, de los de siempre...de los que no mienten ni traicionan.
Campanilla tiene a Lee y sabe que siempre estará para charlar una tarde de invierno delante de un delicioso té y sabe que pase lo que pase Lee no pondrá condiciones no horarios ni abismos...Pero Campanilla esta vez está más triste que nunca y quizás más asustada también...porque sabe que hay muchas cosas que se están rompiendo en estos días irremediablemente.
Cada día le cuesta más trabajo ser dulce, ser la niña risueña de siempre, estar al lado de los que sólo son niebla y bruma. Campanilla no sabe cómo escapar de la niebla y ha decidido esperar a que se disperse sola porque sabe que lo auténticamente cierto nunca desparce pero es consciente de que quedan muy pocas cosas de verdad.
Campanilla está demasiado triste estos días para seguir escrbieno.