En esta estantería de madera barnizada

en que hoy coloco lo que fuimos

hay un millón de estantes no clasificados

que desequilibran la batalla de recuerdos.

En algunas coloco las palabras que me hirieron,

en otras las que te hirieron,

justo al lado descansan mis labios

frente a los ojos que ya no te miran.

Estas manos que no aprendieron nunca a acariciar,

ahí están ,cubiertas de polvo

como el monumento a un dictador derrotado.

Y por los surcos que la carcoma dejaba

se resbalaron sin darnos cuentas las sonrisas sinceras

los “siempre a tu lado”,

los momentos amables de silencios pactados.

Al fondo, en el lugar más frío y húmedo

un millón de palabras bonitas,

acumuladas entre viejos versos y libros,

huyendo de los diccionarios de las mentiras

que un día ambos publicamos.

Esther